155
Tras la jauría de dogos, que se acerca implacablemente, ves a un docena de arqueros enemigos que se prepara para alcanzarte. Incluso si sobrevives al tremendo ataque de los perros y a sus garras y colmillos, los arqueros darán cuenta de ti con facilidad. Sin perder un solo instante, te das la vuelta y echas a correr hacia Ruanon a toda la velocidad que te permiten las piernas.
