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Saltas sobre el borde de la vagoneta como impulsado por un resorte, sin imaginar siquiera lo que te aguarda. El desmonte que bordea los raíles es muy elevado, y no te detienes a tiempo: caes al precipicio y te estrellas de cabeza contra la cantera que hay unos cien metros más abajo. Mientras caes, ves por un instante la horrorizada cara de tu desconocido amigo.
Aquí terminan tu vida y tu aventura.
