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El guerrero se tambalea y pierde pie, hasta caer por encima de las almenas sobre los combatientes. Su montura alada se eleva y se aleja graznando; el espantoso chillido rasga el cielo, negro y tormentoso.
En el suelo, encharcado de sangre, hay un hermoso Medallón de Ónice que se ha soltado de la armadura de tu oponente. Si quieres conservarlo, guárdatelo en el bolsillo y anótalo en la Carta de Acción como Objeto Especial.
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Sal de torreón pasando al 59.

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