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Durante tres días con sus noches, avanzáis penosamente hacia el norte, a través del sinuoso glaciar. Las caídas, los cardenales, los golpes en las espinillas, las grietas peligrosas, los bloques de hielo cortantes como cuchillas y el viento glacial se conjugan para agotar vuestras fuerzas. Sin embargo, habéis tenido suerte de no tropezar con una ventisca y, tras un viaje terriblemente fatigoso, alcanzáis al fin un abrigo al pie de la montaña de las Brumas, a tiempo de acampar en él para pasar la noche.
Esta enorme montaña, de casi cuatro mil metros de altura, tiene la forma de una gigantesca aleta de tiburón. Cuando los fríos vientos del oeste soplan en torno a su cima, arrastran largos jirones de bruma a través del glaciar de Viad, y es este extraño fenómeno el que ha dado su nombre a la montaña.
Pronto encontráis el lugar perfecto para establecer vuestro campamento, entre unas grietas abiertas en el suelo rocoso. Levantáis la tienda en unos instantes y en seguida os halláis de nuevo al abrigo de la lona. Abandonas unos minutos la tienda para satisfacer una urgente necesidad, cuando, casualmente, distingues un débil resplandor que se filtra por una pequeña hendidura entre las rocas de más arriba.
Si dominas la Disciplina Kai de Sexto Sentido, pasa al 98.
Si deseas averiguar qué es esa extraña luz, pasa al 49.
Si prefieres no hacer caso de ella y regresar a la tienda, pasa al 212.
