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-¡Santo Cielo, un Señor del Kai! -exclama, con los ojos redondos de estupor-. ¡He deseado tanto recobrar mi libertad, salir de este lugar maldito! Pero aunque la esperanza jamás me abandonó, nunca pude pensar que mi salvador sería un personaje tan ilustre.
En medio de su excitación, el viejo sufre un ataque de tos tan violento que le deja pálido y exhausto. Sólo al cabo de unos minutos puede continuar hablando.
-Me llamo Loi-Kymar. Soy uno de los ancianos del Gremio de Toran -dice sacando de entre sus raídas ropas una pequeña Estrella de Cristal y el mago te lo muestra como prueba tangible de su identidad. Le preguntas cómo es que se haya prisionero aquí, en Ikaya, a tanta distancia de Toran, su pueblo.
-Vonotar, ese vil traidor, es el responsable de mi situación. Poco antes de que los Señores de la Oscuridad invadieran Sommerlund, traicionó a tus Señores del Kai para hacerse con nuevos poderes; los negros poderes de la muerte y las tinieblas. Sin embargo, no logró cumplir el papel que sus maléficos amos le habían encomendado en sus planes de guerra. Los Señores de la Oscuridad no toleran semejante debilidad; en sus mentes crueles no hay lugar para la clemencia. En la amargura de su derrota, trataron de dar muerte a Vonotar, como castigo a su fracaso. Vonotar sabía que el único medio de escapar a su venganza se hallaba en mi poder: la Cruz del Gremio tiene efectivamente la facultad de poder transportar instantáneamente a una persona o cosa de un lugar a otro. Así pues, intentó robármela para huir a Ikaya, donde se hallaría seguro. Pero pronto se enteró que los poderes de la mágica Cruz no se hayan al alcance de cualquiera: sólo yo tengo la suerte de conocer su secreto. Furioso me amenazó con matar a toda mi familia si me negaba a traerle hasta aquí con ayuda de la Cruz. No tenía otra alternativa que aceptar.
-Desde entonces me hallo prisionero en esta celda. Pero a pesar de las torturas físicas y mentales a las que Vonotar me ha sometido, nunca he revelado el secreto de la Cruz del Gremio que guarda en el salón del trono de Brumalmarc. Si le dijera el secreto, mi vida no valdría nada.
Entonces le hablas a Loi-Kymar de tu misión y de los acontecimientos que han hecho que os encontréis. Se ofrece ha enseñarte el camino que conduce hasta el salón del trono de Brumalmarc, en Ikaya, desde donde Vonotar gobierna como jefe supremo. Y te promete que si consigues recuperar su Cruz del Gremio, te transportará inmediatamente al punto de la costa donde se halla anclado el Cardonal.
Por primera vez desde que caíste en las grutas de Kalte, confías en que tu misión sea un éxito.

