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Escalas la pared rocosa unos cinco metros, hasta que llegas a una estrecha cornisa de hielo. Desde ella ves claramente la grieta. Crees adivinar la silueta de alguien cuando, de pronto, el hielo cede bajo tu peso y caes de cabeza entre un revoltijo de hielo y granito. Te preparas para el impacto con el suelo, pero te cuelas por una hendidura oculta bajo una capa de nieve blanda y aterrizas treinta metros más abajo sobre un montón de nieve. Cegado, aturdido y medio asfixiado, intentas salir de esta tumba helada. Cuando al fin te hallas fuera de él, el espectáculo que se ofrece ante tus ojos te deja sorprendido. Un vasto corredor se extiende ante ti, hasta perderse en la distancia. De su techo helado cuelgan gigantescas estalactitas de cristal y el continuo gotear de la nieve al derretirse resuena en el túnel como una extraña música. Gritas pidiendo auxilio hasta que tienes la garganta seca y dolorida; pero tus guías no te oyen. Aún conservas tu arma, tus Monedas de Oro y los Objetos Especiales que llevabas, pero te hallas sin Mochila: la dejaste en la tienda de campaña. Al mirar a lo alto, ves que el agujero por el que has caído no es más que un punto minúsculo sobre el techo del subterráneo. Observas que la extraña luz que ilumina el helado corredor parece provenir de unos recipientes de piedra suspendidos en el techo. Son lámparas de M`Lare, una fuente de luz eterna descubierta hace cientos de años por los Ancianos. Pronto comprendes que lo más probable es que tus guías nunca logren descubrir el lugar donde te encuentras, por lo que decides avanzar por el túnel, con la esperanza de hallar alguna salida. Al cabo de dos horas de marcha, llegas a una bifurcación.
Si dominas la Disciplina Kai de Rastreo, pasa al 342.
Si deseas seguir por el pasadizo de la izquierda, pasa al 284.
Si prefieres seguir por el de la derecha, pasa al 199.
