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Hasta ahora, todo va bien. Los guardias no parecen prestarte ninguna atención. Finges atarte los cordones de la bota y ocultas la escudilla detrás de una pilastra. Después regresas a la cocina esperando que los vapores surtan efecto. Antes de que transcurra un minuto, los guardias bárbaros se desploman sobre el suelo y podéis aproximaros al salón del trono tranquilamente. Ves con agrado que una de las magnificas puertas tachonadas de pedrería no se halla cerrada con llave.
Preparándote para el ataque, empujas suavemente la puerta y te introduces en la cámara de Vonotar.
