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El corredor se halla débilmente iluminado y, siendo como eres un experto cazador, te será fácil aproximarte a los guardias deslizándote por las sombras sin que te vean.
Protegiéndote la nariz de los vapores que se elevan de la escudilla, avanzas con cautela, pegado al muro, sin que los bárbaros sospechen tu presencia. Colocas la escudilla a la sombra de una pilastra y regresas sigilosamente a la cocina, a esperar que las hierbas produzcan el deseado efecto. Antes de que haya transcurrido un minuto, los Bárbaros de los Hielos se desploman en el suelo y podéis dirigiros a la sala del trono del Brumalmarc sin que nadie se entere.
Entonces veis con regocijo que una de las grandes puertas tachonadas de piedras preciosas no se halla cerrada con llave. Preparándote para el combate, la entreabres suavemente y penetras en la cámara de Vonotar.
