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Apuntas con cuidado y arrojas las Coronas de Oro por el corredor. Alertado por el súbito ruido, el guerrero echa mano a la espada y se aproxima a ver lo que ocurre. Tu plan ha funcionado: en efecto, el bárbaro busca a cuatro patas las monedas y no te ve deslizarte por detrás de él y subir las escaleras. No olvides restar el número de Coronas de Oro que has arrojado de las que figuran e tu Carta de Acción.
