Las Cavernas de Kalte

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La enorme bestia cae rodando del trineo y queda inmóvil. Fenor ha conseguido encender una antorcha y ataca con ella a los otros dos Baknar. Temerosos del fuego, huyen rápidamente, despavoridos. Lanzas un grito de júbilo al verles desaparecer y te vuelves para felicitar a tus valientes guías; pero te quedas atónito al observar que han comenzado a despellejar el cuerpo del Baknar. Contemplas con asco cómo Dyce abre a la bestia en canal, desde la garganta hasta el vientre, con su afilado cuchillo de caza. Le arranca la piel de un tirón y mete las manos en la espesa grasa del animal. El olor de esta grasa es horrible, tan horrible que hasta los perros kanu entierran sus hocicos en la nieve para librarse de él. No puedes creer lo que ves, cuando los dos guías comienzan a extender este repugnante aceite por sus rostros y por el interior de sus ropas.

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-Aceite de Baknar -grita Fenor entusiasmado-. Nada como él para protegerse del frío y la humedad.

Entonces saca la mano del animal muerto y te ofrece la nauseabunda grasa.

Si deseas aceptar su ofrecimiento, pasa al 8.

Si la idea de oler como una cuba de queso rancio te desagrada, pasa al 281.

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