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Esa noche una tempestad barre el banco de hielo y entierra vuestra tienda en la nieve. Mientras dormís, la lona cae sobre vosotros empapando vuestras mantas de piel. Al despertar por la mañana, sientes terribles calambres en las piernas. Necesitas darte masaje en ellas durante casi una hora antes de poder caminar. Estás comenzando a desear no haber puesto jamás el pie en este infierno de hielo.
