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Al llegar al rellano de abajo, tropiezas y caes, arañándote la pierna. Tendido sobre los escalones de piedra, adviertes una abertura en el muro de la izquierda: se trata de una puerta hábilmente disimulada entre las intrincadas formas esculpidas.
Al mirar más de cerca, descubres una pequeña palanca de la que te apresuras a tirar.
