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-¡Ha llegado tu hora! -grita una voz, pero quien habla no es Vonotar, sino Loi-Kymar. Un manojo de hierbas vuela por los aires y alcanza de lleno en el pecho a Vonotar. Al instante, el jorobado brujo se halla atrapado por una maraña de enredaderas que le aprisionan de pies a cabeza. Loi-Kymar cruza el foso por el puente de plantas y se reúne contigo en la plataforma.
-Asegúrate de que le quitas todos sus anillos y amuletos -dice mientras se dedica a buscar por todas partes su Cruz del Gremio-. Es un maestro en estratagemas y sería una pena que se perdiera la fiesta especial de bienvenida que le aguarda en Sommerlund.
La sangre fría del viejo te maravilla. El terrible enfrentamiento con el mago no le ha hecho perder la calma.
-¡Ah! ¡Aquí está! -anuncia con aire triunfante mientras saca su Cruz del Gremio de debajo del trono de Brumalmarc.
Le pasas el mapa de Kalte y le indicas el punto donde se halla anclado el Cardonal.
-¡No lo necesito! -replica despectivamente-. Los mapas siempre están equivocados; prefiero confiar en mi propio sentido de la orientación.
El viejo mago levanta su varita y un rayo de luz cegador brota de su extremo. Entonces describe tres grandes círculos en el aire y el salón del trono del Brumalmarc se convierte en un caleidoscopio de colores.

