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Por la tarde, vuestro viaje hacia el glaciar se vuelve más penoso. Los vasos sanguíneos de tus ojos comienzan a hincharse y pronto sientes como si te estuvieran pinchando los globos oculares con agujas al rojo vivo, o como si tuvieras el interior de los párpados lleno de arena.
Fenor es el primero en apercibirse de ello y hace detener los trineos.
-Ceguera de las nieves -dice rasgando un trapo viejo para preparar con él una venda.
-Si sigues así, antes de que llegue la noche te habrás vuelto loco de dolor.
Pierdes 2 puntos de RESISTENCIA. Fenor venda tus doloridos ojos y hace que te tumbes entre el equipo, en la parte trasera del trineo. Proseguís así la marcha.
Al anochecer, llegáis al pie del glaciar de Viad.
