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Pronto pierdes el conocimiento. Has sucumbido al terrible poder de una vieja Piedra Maldita, un poder al que ningún ser vivo logra sobrevivir. La muerte es inevitable y no tardará.
Puede servirte de consuelo saber que tu cadáver pronto será descubierto por un guardián bárbaro, quien se lo entregará a Vonotar (junto con la Piedra Maldita). El traidor se sentirá tan gozoso de tu muerte, que ordenará que tu cuerpo sea conservado en un bloque de hielo y expuesto como un trofeo en el salón del trono. Pero las radiaciones de la Piedra Maldita, que ha quedado en tu bolsillo, alcanzarán a Vonotar. Tras largos meses de sufrimiento, el también morirá.
Tu vida y tu misión acaban aquí.
