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Pronto llegas al pie de una ancha escalera de piedra que asciende en dirección norte hasta un rellano situado unos diez metros más arriba. El centro de cada escalón se halla muy desgastado por las pisadas de innumerables criaturas que en otro tiempo habitaran los niveles inferiores de la fría Ikaya. Mientras subes por ellos, te preguntas cuanto tiempo pasará antes de que te descubran. Hasta entonces no has encontrado un alma en estos corredores desiertos.
Cuentas con la ventaja del elemento sorpresa y le pides al cielo que Vonotar no sospeche que un intruso ha penetrado en el corazón de su propia fortaleza. Llegas enseguida al rellano y atraviesas una cueva vacía para dirigirte a la arcada del fondo, sumergida en la penumbra. En ese punto, el corredor se bifurca: un ramal avanza hacia el este y el otro hacia el oeste. Te sientes hambriento y debes hacer inmediatamente una comida, si no quieres perder 3 puntos de RESISTENCIA.
Si deseas tomar el pasadizo del este, pasa al 92.
Si prefieres tomar el del oeste, pasa al 297.
