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El helghast se consume y se desintegra a tus pies, mientras un nauseabundo gas verde brota a través de sus vestiduras. Al contemplar sus restos, comprendes que este monstruo debió ser enviado aquí por los Señores de la Oscuridad para matar a Vonotar y hacerle pagar así por su derrota en la batalla del Golfo de Holm. El pérfido brujo debió descubrir al helghast y le encerró en un pentáculo en espera de hallar el medio de librarse definitivamente de él.
Te tocas con precaución la garganta herida y das gracias a los dioses por haber tenido la Espada de Sommer: su poder ha vuelto a salvarte la vida. Después das media vuelta y te apresuras a descender la escalera, dejando atrás los nauseabundos gestos del helghast.
