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Recurres a todo tu poder de concentración para elevar en el aire la escudilla de humeantes hierbas y hacerla avanzar por el corredor. Consigues depositarla a la sombra de una pilastra y observas sus efectos con gran curiosidad. Antes de que transcurra un minuto, los guardias bárbaros se desploman en el suelo.
-Ahora es nuestra oportunidad -musita Loi-Kymar, haciéndote salir de la cocina. En seguida llegáis al salón del trono sin ser descubiertos y os encontráis con que una de las magníficas puertas tachonadas de pedrería no se halla cerrada con llave. Desenvainas la espada, empujas suavemente la puerta y penetráis en la cámara de Vonotar.
