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En el corredor en el que te hayas ahora la temperatura es mucho más agradable que en la helada caverna de fuera. Por primera vez en muchos días, puedes bajarte la capucha y quitarte las manoplas sin arriesgarte a que tus manos y tus orejas se congelen.
Adviertes que el pasadizo asciende hasta una especie de rellano del que parte otro corredor hacia el este. Suspendidas de su techo abovedado, a intervalos regulares, hay lamparas M'lare, cuya luz fantasmal ilumina los muros adornados con motivos esculpidos.
Al acercarte al rellano, observas una arcada que da a una pequeña pieza. La franqueas y te encuentras con un extraño espectáculo: una habitación llena de pieles hechas jirones, fragmentos de cacharros rotos y toda suerte de restos que parecen haber sido almacenados aquí desde hace cientos de años. Una gran palanca sobresale del muro, junto a la arcada.
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Si deseas entrar en esta habitación y examinar su contenido, pasa al 38.
Si deseas tirar de la palanca, pasa al 163.
Si prefieres seguir caminando hacia el este, por el corredor, pasa al 237.

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