Las Cavernas de Kalte

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Cuando regresas a la tienda, Dyce se halla preparando una deliciosa comida que pronto llena vuestros estómagos y eleva vuestra moral. Habéis avanzado mucho y, a pesar de las duras pruebas físicas que habéis tenido que soportar, os sentís confiados e impacientes por continuar la marcha.

Irian saca las mantas de piel del trineo y os disponéis a pasar una buena noche de sueño. No te quitas más que las botas -los pocos días que llevas en estas tierras desoladas te han enseñado mucho sobre las técnicas de supervivencia. Al descalzarte, tienes gran cuidado de que las botas conserven bien su forma: en estas temperaturas glaciales, tus suaves botas de cuero pronto estarán duras como una piedra y, si han perdido su forma durante la noche, por la mañana lo pasarás mal para volver a ponértelas. Para desatarte los cordones, has de quitarte las manoplas, pero tienes que interrumpir la operación constantemente y deslizar tus manos de nuevo en los guantes para evitar que los dedos se te congelen. Arrebujado al fin bajo las mantas, con los dientes castañeteándote de frío, logras conciliar un sueño profundo, mientras fuera gime el viento.

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