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Continúas andando por el corredor y al cabo de quince minutos llegas a una descomunal puerta de piedra, de más de seis metros de altura. Pegas la oreja a su tibia superficie y la sientes vibrar: tras ella suenan unos débiles gruñidos. Como las demás puertas de Ikaya, ésta se halla accionada por una palanca situada a su lado, en el muro.
Si deseas tirar de la palanca y entrar, pasa al 292.
Si prefieres no entrar, puedes regresar al cruce y tomar el corredor que lleva al este pasando al 97.
