Las Cavernas de Kalte

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Al día siguiente, espesas nubes de nieve gravitan sobre el banco de hielo de Ljuk. Conforme os aproximáis al glaciar, la superficie del banco de hielo se vuelve cada vez más abrupta. Grandes bloques de hielo se yerguen a cada paso, convirtiéndose en obstáculos difíciles de salvar para vuestros trineos. Os veis obligados a descender de ellos y a moverlos a mano por el accidentado terreno para poder alcanzar las laderas más suaves del lejano glaciar de Viad.

Cuando habéis caminado unos ochocientos metros, descubrís delante de vosotros una gran grieta en el suelo. No medirá más de medio metro de ancha, pero se extiende más de un kilómetro en ambas direcciones. Para mayor seguridad, decidís ataros una cuerda a la cintura para atravesarla. Si uno de vosotros cayera a la grieta, los otros podrían izarle fácilmente.

Cruzáis la estrecha grieta sin problemas, pero al llegar al otro lado, os encontráis con una red de grietas. Una fina capa de nieve se extiende por encima de ellas, haciendo difícil descubrirlas. El único modo de localizarlas consiste en tantear el suelo con vuestras armas.

Cuando aún no habéis recorrido un kilómetro de este modo, os encontráis con una grieta de unos dos metros y medio de ancha. Miráis hacia abajo, pero no veis ninguna luz en este profundo y negro abismo. Vuestro trineos miden tres metros y tal vez podrían serviros de puente para cruzar la sima. Pero si los bordes helados cedieran bajo su peso, perderíais en un momento vuestro equipo.

Si quieres descargar los trineos y utilizarlos como puente, pasa al 232.

Si prefieres cruzar de un salto con los perros kanu y tirar luego de los trineos para llevarlos al otro lado, pasa al 346.

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