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Al caer la horrible bestia muerta a tus pies, oyes gritar a Dyce:
-Rápido, tenemos que marcharnos de aquí! Los Kalkoths nunca cazan solos.
Agarrando la Mochila, sigues a Dyce y a Irian por un escarpado sendero que asciende por la montaña desde la cornisa de hielo. Pero cuando lleváis recorridos menos de cincuenta metros, ocurre una desgracia. Cegado por la oscuridad y el viento helado, Dyce no ve que el sendero acaba bruscamente ante un precipicio. Horrorizado, oyes los gritos de tus guías que se pierden en las tinieblas. La muerte te acecha por todas partes y te aferras desesperadamente a la pared rocosa.
Si untaste tu cuerpo con grasa de Baknar, pasa al 209.
Si no lo untaste, pasa al 339.
