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El viejo se encuentra débil, demasiado débil para trepar. Le dices entonces que se ate la cuerda a la cintura y que tú le izarás para sacarle de la prisión. Con movimientos lentos sigue tus instrucciones. Al levantarle, te quedas impresionado; no pesará más de lo que pueda pesar un niño. Te apresuras a tirar de la cuerda y pronto se halla a tu lado en la relativa seguridad del pasadizo. Ahora debes descubrir quién es.
