Las Cavernas de Kalte

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El viento amaina durante la noche y amanece una mañana bonancible y en calma. A lo lejos, hacia el norte, la silueta de Ikaya, la fortaleza de hielo, se perfila en el horizonte. El gigantesco bastión, con sus torres de cristal, constituye un espectáculo fascinante, que resulta aún más magnífico al parecer flotar invertido en el aire suspendido de una nube.

-Un espejismo -dice Dyce-. El aire de Kalte no contiene polvo y la tierra se refleja en las nubes. Lo que ves es Ikaya, pero la auténtica fortaleza se halla al otro lado del horizonte. Debe de estar a unos sesenta kilómetro.

Dyce agarra una pala y comienza a desenterrar a los perros kanu que han quedado sepultados bajo la nieve. Despertáis a los otros y desayunáis antes de partir de nuevo.

Es mediodía cuando llegáis a una profunda garganta. Mide unos doce metros de ancha y, al parecer, no hay forma de cruzarla. Así pues, os veis forzados a caminar hacia el este por el borde del precipicio. Cuando lleváis recorridos unos cuatro kilómetro, encontráis un estrecho puente de hielo. Sin embargo, por el centro, el puente es terriblemente delgado y parece que no aguantará el peso de un trineo con su carga.

[ilustración]

Ahora ya se ve en el horizonte a la verdadera Ikaya.

Si deseas arriesgarte a cruzar el puente de hielo con el trineo, pasa al 73.

Si prefieres descargar éste y cruzar el equipo pieza por pieza, pasa al 162.

Si decides dejar el trineo y continuar a pie, pasa al 223.

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