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La subida es muy dificultosa pues sólo tienes libre una mano: con la otra sostienes la empuñadura refulgente de la Sommerswerd.
Por fin llegas al borde del castillo y rápidamente pasas una pierna por encima de la estrecha barandilla. Estás a punto de saltar sobre el castillo y atacar al traidor cuando una tenue voz te hace estremecer.
-¡Si supieras cuánto voy a disfrutar con tu muerte, Lobo Solitario!
El brujo está de pie en el rincón más distante del castillo de popa y con su mano izquierda apunta a tu cabeza.
-Tu misión ha fracasado, Lobo Solitario. Ahora vas a morir.
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De su mano brota una cegadora ráfaga de llamas anaranjadas que se dirige hacia tu rostro.

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