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Al correr por la calle de la Atalaya, oyes detrás de ti las maldiciones del guardia que poco a poco se van perdiendo en la lejanía. Llegas a la plaza de la Tumba y ves a cuatro soldados que avanzan por la calle de la Tumba hacia ti. Para evitarlos te diriges a toda prisa hacia el sur. Después de correr por la empedrada calle durante casi diez minutos, descubres en la oscuridad una gran cuadra y estación de diligencias. Al amparo de la oscuridad entras en el edificio y, escondido en el pajar, pasas la noche a salvo.
