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Durante tres días y tres noches la flota de Durenor navega a toda vela hacia el golfo de Holm. Pero, aunque la travesía es rápida, la desgracia se abate sobre las naves de la flota. Las velas se rasgan, las cuerdas se desatan misteriosamente y las cuadernas se alabean y hacen agua. Los hombres se vuelven enojadizos en sus estrechos camarotes y proliferan las peleas, incluso la muerte. En la tercera noche del viaje, lord Axim está próximo a dejarse llevar de la desesperación.
-Nunca he sufrido una travesía tan aciaga. No hemos avistado a ningún enemigo ni hemos librado ninguna batalla. Y sin embargo, la mitad de mis hombres están enfermos o heridos y hemos perdido dos de nuestros mejores barcos. Una luna de mal agüero nos persigue. Pido al cielo que esta maldición desaparezca, pues si llegamos a Holmgard esta noche temo que no estemos en condiciones de romper el cerco enemigo.
Conforme está hablando, ves que empieza a amanecer el cuarto día. Crees que os trae una promesa de alivio, pero la calma que ahora rodea a la flota encierra una amenaza aún más funesta.
