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Quizás te sirva de algún consuelo saber que tu muerte fue piadosamente rápida. Los dedos del Helghast te desgarraron y quemaron el cuello en pocos segundos. Pero ahora el Sello de Hammerdal va camino de Helgedad, la ciudad de los Señores de la Oscuridad.
Tu vida y tu misión encuentran aquí un trágico final.
