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Cuando envuelves al herido en una gran manta, se sumerge en un sueño del que no despertará jamás. De vuelta sobre cubierta, observas que los cadáveres de los marineros han sido juntados en un extremo.
El capitán Kelman se acerca a ti y te tiende un arma de aspecto siniestro.
-No es una espada pirata, Lobo Solitario. Este arma ha sido forjada en los hornos de Helgedad. Es una cimitarra de los Señores de la Oscuridad.
Arrojas el arma maligna al mar, donde rápidamente se hunde bajo las olas, y vuelves al Cetro Verde. Mientras la tripulación hace los preparativos para reemprender la travesía rumbo al este, contemplas con pesar cómo el mercante de Durenor desaparece bajo las aguas.
