281
Ruegas al capitán que recoja a los desgraciados náufragos, pero él ignora tu petición y ordena a la tripulación que continúe con sus faenas normales. Cuando la lancha se pierde de vista, tienes la premonición de que te aguarda un destino similar. Conturbado por ese pensamiento, desciendes bajo cubierta y te retiras a tu camarote.
