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Estás a punto de golpear a tu asaltante, cuando éste grita:
-Soy Ronan, señor. No pretendo haceros daño.
Consigues en el último momento desviar el golpe y tu arma se estrella contra el respaldo de una silla de madera haciéndolo pedazos. Las gotas de sudor que corren por el rostro del marinero parecen confirmar que dice la verdad.
Baja tu arma y pasa al número 160.
