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El mesonero se guarda la Corona en el bolsillo y te dice con tono burlón:
-Puede ir allí echando un pie delante del otro -y riéndose a carcajadas se dirige hacia el mostrador y desaparece en la cocina.
Maldices su burla y sales del mesón, deteniéndote para, lleno de furia, volcar de una patada el cubo de agua sucia.
