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Al cabo de casi dos horas de viaje el conductor grita:
-¡Preparen el pontazgo! Una Corona de Oro por pasajero.
Te asomas por la ventanilla y, a través de la lluvia, ves a lo lejos un puente de madera y una cabaña de troncos. El cochero detiene la diligencia al llegar a la cabaña y en su puerta aparece una horrible criatura. Es un Szall de piel verrugosa, inofensiva y cobarde progenie de los giaks. Oriundos del desierto, en la Edad de la Luna Negra miles de ellos emigraron de las montañas de Durncrag para escapar de la tiranía de Vashna, el más poderoso de los Señores de la Oscuridad.
El Szall exige de cada pasajero el pago de una Corona de Oro para permitir el paso de la diligencia por el puente. Los demás pasajeros depositan en una bandeja una Corona cada uno y te la tienden a ti.
Si tienes dinero para pagar el peaje, hazlo y continúa el viaje pasando al número 249.
Si no tienes dinero, pasa al 50.
