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El caballero señala el bosque a tu espalda y dice en voz bronca:
-¡Ese es su albergue!
Antes de que puedas replicar, da un paso hacia atrás y cierra con cerrojo la pesada puerta.
El bosque es allí muy denso y la maleza es una maraña de hierbas y zarzas. Resulta imposible cabalgar por esa espesura, así que tienes que abandonar el caballo y seguir a pie.
