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Pasas por delante de varios estrechos almacenes que bordean el muelle y llegas al dique del puerto. Allí la calle tuerce bruscamente a la derecha y empalma con la calle de la Tumba.
Por el centro de esta calle avanzan cuatro guardias de la ciudad fuertemente armados. Para evitar que te den el alto y tal vez te arresten, te metes por una callejuela a tu derecha. Pero de repente los guardias se detienen frente a la entrada de la callejuela. Si uno de ellos vuelve la cabeza, es seguro que te descubrirá. Detrás de ti hay una pequeña ventana que da a un concurrido mesón.
Sin dudarlo un instante, trepas a la ventana con la mayor rapidez posible.
