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Tablas astilladas, piezas del maderamen de cubierta y velas desgarradas flotan dispersas entre las olas espumosas. Es todo lo que queda del barco mercante. Pero de pronto descubres un cuerpo abrazado a la trampa rota de una escotilla. En seguida se le arroja una escala de cuerda y el pobre hombre es izado a bordo.
-¡Piratas! -es cuanto dice antes de desmayarse en cubierta.
Los marineros envuelven al hombre en una manta y le llevan abajo. Ha sufrido muchas heridas y está a punto de morir.
-Este crimen lleva la marca de los piratas de Lakuri -comenta el capitán-, pero no es corriente que lleguen en sus correrías hasta estas aguas. Deben de ir en busca de algún rico cargamento para haberse alejado tanto de sus islas tropicales.
Cuando la carabela reemprende su travesía hacia Durenor, no puedes por menos de pensar que ese «rico cargamento» eres tú.
