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Al entrar precipitadamente en el camarote del capitán, éste te mira sorprendido levantando la vista de la carta de marear.
-¡Fuego a bordo! -exclamas jadeando y sin aliento a causa de la carrera.
Al instante el capitán sube a cubierta y ordena a la tripulación que llene cubos de agua y recoja mantas para sofocar el fuego. Cuando llegas a la bodega de proa, el humo es ya muy denso. El barco hierve de actividad, pues las llamas salen despedidas por la escotilla. Se tarda más de una hora en sofocar el incendio. Los daños que ha ocasionado son grandes. Todas las provisiones de comida y agua potable estaban en esa bodega y el casco de la nave ha quedado muy debilitado.
El capitán sale de la humeante bodega y se acerca a ti. Tiene el rostro lleno de hollín y lleva algo en un envoltorio bajo el brazo.
-Debemos hablar en privado, señor -te dice serenamente.
Sin responder te das la vuelta y le sigues a su camarote.
