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Conteniendo la respiración, aprietas el puño alrededor de tu arma y te dispones a atacar. La tensión es insoportable. Los giaks están tan cerca que el hedor de sus cuerpos sucios te apesta. Les oyes maldecir en su extraño lenguaje de alienígenas. Después dejan el repecho y empiezan a trepar hacia la cumbre. Cuando estás seguro de que se han marchado, respiras al fin libremente y te limpias el sudor de la frente.
Si deseas seguir explorando la cueva, pasa al número 33.
Si deseas abandonar la cueva y bajar de la colina por si los giaks vuelven, pasa al 248.
