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En el momento en que sientes que el aire agitado por las alas del kraan te sacude la espalda, saltas del caballo y, rodando por el suelo, vas a parar a una zanja fangosa al lado del camino.
Estás ileso y rápidamente te pones de pie y corres a buscar refugio entre los árboles. Pero cuando has recorrido un pequeño trozo de terreno, ves que el kraan vuela en círculo sobre tu cabeza preparándose para otro ataque en picado.
