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El gigante Gourgaz yace muerto a tus pies. Sus malvados seguidores disparan sus dardos contra ti y después se repliegan detrás del puente. Los soldados del Príncipe forman con sus escudos una barrera protectora alrededor de ti y del jefe muerto de los Gourgaz. Negras flechas pasan silbando junto a tu cabeza.
El Príncipe moribundo te mira a los ojos y dice:
-Señor del Kai, debes llevar un mensaje a mi padre. El enemigo es demasiado poderoso para que podamos detener su avance. El Rey debe mandar a buscar lo que se encuentra en Durenor o todo estará perdido. Toma mi caballo y cabalga hacia la capital. Que los dioses y la buena suerte te acompañen.
Te despides del Príncipe, montas en su blanco corcel y te diriges hacia el sur por el sendero del bosque. La batalla aún prosigue a tus espaldas, pues los soldados del Príncipe rechazan otro asalto en el puente.
