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Tambaleándote hacia atrás cruzas la puerta delantera, agarrándote con las dos manos el pecho quemado. De la tienda salen oleadas de humo y debes huir corriendo antes de que el mago o su hijo el salteador te atrapen.
Vuelves a la calle principal y te pierdes entre el tropel de la muchedumbre.
