Huida de la Oscuridad

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Durante un tiempo que te parece una eternidad, la muchedumbre desbandada te arrastra como una hoja en los rápidos de una corriente. Luchas desesperadamente por mantenerte en pie, pero te encuentras débil y aturdido después de tantas penalidades y las piernas te pesan como si fueran de plomo. De repente divisas unas escaleras largas y estrechas que conducen al tejado de una taberna.

Reuniendo tus últimas fuerzas te lanzas escaleras arriba y subes al tejado. Desde allí puedes contemplar una magnífica vista de las torres y agujas de Holmgard y las altas murallas de piedra de la ciudadela, resplandecientes a la luz del sol.

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Las casas y demás edificios de la capital están construidos muy cerca unos de otros y es posible saltar de un tejado al siguiente. De hecho, muchos ciudadanos de Holmgard solían usar «el camino de los tejados» (como lo llamaban) cuando las intensas lluvias del otoño dejaban las zonas no pavimentadas de las calles convertidas en lodazales intransitables.

Pero como sucedieron numerosos accidentes, un real decreto prohibió semejante costumbre. Después de reflexionar detenidamente, decides utilizar «el camino de los tejados», pues es tu única posibilidad de llegar hasta el Rey. Saltas y brincas por encima de varias calles y ya sólo una calle te separa de la ciudadela cuando te detienes al final de una hilera de tejados.

La distancia que hay hasta la siguiente hilera es mucho mayor que las que has salvado hasta ese momento y sientes en el estómago una extraña sensación, como si lo tuvieras lleno de mariposas. Decidido a alcanzar la ciudadela, retrocedes unos pasos para tomar impulso y, con la sangre golpeándote en las sienes, das un salto desde el borde del tejado, volando sobre el vacío, fija la mirada en el tejado de enfrente.

Escoge al azar un número de la Tabla de la Suerte.

Si te sale un número comprendido entre el 0 y el 2, pasa al 108.

Si te sale un número entre el 3 y el 9, pasa al 25.

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