Huida de la Oscuridad

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Un dolor punzante te lacera la pierna derecha, retorcida y aplastada por el peso de tu cuerpo. Desciendes tambaleándote hasta que al fin vas a caer en una zanja al pie de la colina, con tal fuerza que te quedas sin aliento y pierdes el sentido.

Te despierta el agudo dolor de algo que se te hinca en el pecho y que resulta ser la punta de la lanza de un giak. Éste te saluda con un malicioso visaje de burla y desprecio, mientras te sujeta el brazo izquierdo contra el suelo. Instintivamente tratas de sacar tu arma, pero ésta no se encuentra en su lugar.

Indefenso frente a los crueles giaks, lo último que ves antes de que toda luz se apague para ti es la punta afilada de una lanza giak que ha sido arrojada con violencia hacia tu cuello.

Tu misión termina aquí.

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