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Al levantar la pierna para sacudirte la víbora muerta, el corazón te da un vuelco, pues descubres que era una víbora roja de los pantanos. ¡No se conoce cura para su picadura venenosa! Te das cuenta de que seguir en esa dirección sería suicida. Vuelves cautelosamente sobre tus pasos hasta que pisas de nuevo terreno firme y puedes proseguir tu misión.
