Huida de la Oscuridad

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A los pocos minutos divisas a los kraans, que pasan volando sobre la cima de la colina en tu persecución. En un cálculo rápido puedes contar por lo menos dieciséis de esas horribles criaturas. A lomos de cada una de ellas van montados dos giaks. Estos están armados con largas lanzas y llevan unos cascos puntiagudos de bronce mate. Oyes los excitados gruñidos de los giaks, que te han descubierto.

Saltas para alcanzar la entrada del túnel que está unos veinticinco pies más abajo, pero te enganchas las botas en un matorral espinoso y quedas colgando de él cabeza abajo, desamparado, inerme y vulnerable. Afortunadamente tu final es rápido. Cuando la primera lanza giak te atraviesa el corazón, mueres al instante.

Tu vida y tu misión acaban aquí.

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