Huida de la Oscuridad

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No has dado ni diez pasos cuando el cuervo lanza un graznido que pone en guardia al extraño encapuchado. Este se da la vuelta y profiere un grito penetrante que te hiela la sangre y te atenaza el estómago. Es un vordak, un lugarteniente de los Señores de la Oscuridad, uno de los inmortales. Al instante una patrulla de giaks aparece a su lado y te ataca. Combates valientemente, pero la desigualdad de fuerzas es muy grande.

Lo último que recuerdas es la presión glacial de los dedos esqueléticos del vordak al cerrarse alrededor de tu cuello.

Tu vida y tu misión terminan aquí.

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