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A través de la puerta abierta de la primera cabaña ves el cuerpo de un carbonero que yace boca abajo en el suelo toscamente empedrado. Le han asesinado clavándole una lanza en la espalda. Los muebles y demás utensilios de la cabaña han sido destrozados y ni un solo objeto permanece intacto.
No hay duda de que aquello es obra de los malvados giaks, a quienes encanta destruirlo todo. Un rápido examen de las demás cabañas te revela una historia semejante de asesinato y destrucción. En la última cabaña que registras encuentras una Lanza giak, lo que confirma tus sospechas. Puedes quedarte con ese arma si lo deseas.
Más decidido que nunca a llevar a feliz término tu misión, reemprendes la marcha por el camino.
