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Mirando por encima de las cabezas del gentío descubres que uno de los establecimientos que hay frente a la puerta principal es el consultorio de un médico. De repente se te ocurre un atrevido plan. Abriéndote paso a codazos entre la multitud, logras llegar al otro lado de la calle. Entras en el consultorio, pero dentro no hay señales de vida, aparte de un loro de brillantes colores encerrado en una jaula junto a la ventana.
Te pones una bata blanca de médico y eliges unos cuantos frascos. Después vuelves con gran trabajo ante la puerta principal.
-¡Es una urgencia! -gritas tratando de engañar a los guardias que te dan el alto y preguntan qué quieres -. La mujer del cocinero real... va a tener un hijo.
Los guardias dudan un momento, pero tú les aseguras que se trata de un caso muy urgente y te dejan entrar. Uno de los portones se abre medio metro y un guardia te empuja bruscamente a través de la estrecha abertura y te introduce en el patio interior.
