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Una lluvia de flechas golpea el agua encima de ti, pero se hunden sin causarte ningún daño mientras te diriges buceando hacia la orilla opuesta.
Rápidamente sales del río y corres a refugiarte entre los árboles, lejos del alcance de los giaks, que vuelven a montar en los lobos fatídicos para proseguir la persecución.
